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ACEPTAR EL DOLOR ES SANAR

Muchas personas están padeciendo dolor y sufrimiento en sus vidas, tanto debido a enfermedades y dolencias declaradas como también por lo que podemos denominar “malestar” o la insatisfacción intrínseca de una vida que no deja de buscar otro estado o condición en la que sentirnos realizados, completos y felices.

Cuando hay un desequilibrio entre lo que surge en la experiencia lo que uno quiere que suceda, el sufrimiento es inevitable.

El camino directo parala superación de la pena y la lamentación, para la eliminación del dolor y la aflicción, para alcanzar el verdadero camino, para la liberación es Mindfulness (Atención Plena).

La dimensión de bondad refuerza el juramento hipocrático: “primum non nocere” (primero, no hacer daño), al que todos necesitamos otorgar continua atención en el momento presente. No me refiero solo en relación a aquellos que acuden a nosotros con vulnerabilidades indecibles, sino al trato que somos capaces de infligirnos a nosotros mismos. Son maneras en las que tratamos a otros o a nosotros mismos que necesitan ser vistos y atendidos de forma completa y amorosa. Llegar al convencimiento preciso de que no necesitamos ninguna promesa de futuro a la cual desplazar nuestra necesidad de felicidad, sino que el presente contiene todos los elementos de plenitud y satisfacción.

Se asume que todas las personas tienen un acceso innato a la sabiduría.

Hablamos de la capacidad del “sistema” de un individuo para curarse a si mismo (o curarse desde dentro). Las personas que sufren pueden alcanzan de forma espontánea un punto en el que pueden pasar de un estado de desequilibrio y angustia a uno de mayor armonía y serenidad con respecto a si mismos y con una consecuente mejora de la percepción subjetiva de bienestar.

A continuación trataré sensaciones básicas que provoca el dolor, son componentes mentales negativos que hay que tener en cuenta a la hora de acercarnos al equilibrio mental. Se trata de la ilusión o ignorancia, el apego o deseo y la aversión u hostilidad:

Ilusión o ignorancia debe entenderse como un defecto de percepción, de una mente “empanada” que impide a las personas ver las cosas con claridad y sin hacer ningún tipo de juicio de valor. Es un estado de ceguera o a no querer ver la realidad, se construye una idea subjetiva de la propia experiencia y no como es en realidad. Su correspondiente contrario es la “sabiduría”.

El Apego o deseo se expresa como un vivo deseo egoísta de gratificación que tiende a sobreestimar la calidad de lo que se desea (idealización) y que distorsiona la realidad en tanto en cuanto hace que la persona permanezca anclada a un objeto o pensamiento, creando una especie de fijación de la que es difícil separarse. El apego o deseo puede convertirse en avaricia, futilidad, avidez, antojo, varias formas de dependencia y adicciones, excitación y agitación mental. Es la respuesta refleja de alcanzar o aferrarte a algo que se desea.

La aversión y la hostilidad deben entenderse como una ira intensa que hace que se distorsione la realidad, pero en el sentido opuesto del apego, y que genera que una persona lo vea todo de manera negativa. El enfado o ira puede desencadenar en furia, venganza, desprecio y envidia. También se refiere a la aversión y a la falta de voluntad que implica el alejamiento, negación o atacar a algo que se experiencia que es indeseable. Normalmente aparece como respuesta al dolor o al desagrado. El apego y la aversión son las expresiones bipolares del deseo. Su correspondiente contrario es la compasión o darse amor a uno mismo en momentos de sufrimiento, dolor o malestar.

El principal trabajo reposa en un silencio profundo, una tranquilidad y una apertura al presente y todo lo que nos trae la experiencia real y plena.

Pensamientos y sensaciones desagradables pueden existir, y de hecho son partes inevitables de la experiencia, sin embargo, cambiando la actitud de resistencia al dolor se puede reducir o incluso eliminar.