poder-interior

El poder está en el interior.

Te propongo hacer un viaje hacia el interior y encontrar allí todo tu poder, que está al alcance de la mano. Máxime en estos tiempos convulsos en los que se tambalean todos los cimientos de control y falsa estabilidad. Pregúntate si lo que pasa es que no estás dejando que lo que es “sea” te agarras a una idea de cómo deben funcionar las cosas y eso es lo que te mantiene en sufrimiento.

Es fácil decirlo, pero no tanto ponerlo en práctica. Eso de soltar, de fluir con lo que es, aceptar las cosas como son y no resistirnos cuando no suceden como nos gustaría. Os propongo seguir un camino en varios pasos para llevar la teoría a la práctica y comprobar cómo puede formar parte de mi experiencia de vida. Hacerme cargo de que mi vida es sólo y únicamente responsabilidad mía.

Atención: ¿Estoy llevando el foco de atención a lo externo?, la aprobación de los demás, objetivos externos de dinero, conseguir cosas materiales, relaciones con otros… Allí solo encontraré ausencia, de lo que no hay, lo que falta por traer o conseguir, una larga lista de tareas, esfuerzo, los “tengo que…” activados que suelen paralizarnos el día que no encontramos creativos. En lugar de ello llevamos la atención al interior, en soledad, en silencio. Desde el agradecimiento de lo que ya hay en mi interior, todos los recursos que me permiten estar donde estoy y llevar a cabo mis objetivos. En cuanto miro adentro escucharé mi discurso interno de cómo me gustaría que fueran las cosas y toda la disonancia que hay con respecto a la realidad. Para parar ese discurso victimista te propongo que te centres en el momento presente. Qué siento en mi cuerpo ahora, notar los pensamientos desde un lugar de observación en el cual no hay juicios, sensaciones, sonidos, propiocepción, tacto, temperatura… El único momento de poder es el presente.

Aceptación: Es lo contrario de resistencia. Pregúntate si lo que te duele es que la realidad exterior no encaja con la idea que tú tienes sobre cómo deberían pasar las cosas. Te resistes al egoísmo, la injusticia, dañar al prójimo, infravaloración … Solo sufrimos en aquello que nos resistimos. La resistencia al cambio es tener miedo a vivir una realidad en toda su plenitud siendo responsables de nuestra parte al 100%. Nos da más miedo vivir en la plenitud que en la carencia, por comodidad, por conocido o por cercano. La experiencia sólo es mi interpretación de cómo son las cosas que me afectan. No puedo ver la realidad ya que sólo vivo desde mi perspectiva, mi prisma, mi visión de cómo funciona el mundo. Por eso la empatía, la compasión ayudan a la aceptación al abrir el campo de visión.

Creencias: En este punto es importante no limitar los valores, al contrario, se trata de poner en tela de juicio ideas arraigadas que te impiden expresar tus valores, lo que realmente te importa, por el hecho de seguir ciertas ideas irracionales como que todo el mundo es bueno, o que si me porto bien al final los demás me querrán. Cuida mucho de seguir premisas en positivo, desde la abundancia ya que muchas de estas creencias están basadas en los miedos, a la soledad, a que no me quieran, al rechazo… Reconocer esas creencias limitantes es el primer paso para luego practicar el desapego, el soltar, dejar ir. Dejar de vivir en lo ilusorio para entrar en una vida intensa y real, comprometida con quién eres y cuál es el siguiente paso por dar. Lo que no es, no es; por mucho que te agarres por que suceda. Sólo está en tu mente, tu ego. Esa no es la realidad.

En resumen, sólo tu percepción de las cosas, la vida, el mundo es lo que te hace experimentar la vida como la experimentas. Si algo no te alcanza para ser feliz está en tu mano cambiarlo. Si notas que tus miedos se están adueñando de la situación es momento de callar la mente y practicar una y otra vez. Volver al cuerpo, al presente, a lo importante. Reconectar con lo que eres, recordar que todo lo que necesitas ya está en tu interior y que depende de ti hacerlo visible primero por y para ti y posteriormente para compartir tu dicha con el resto.