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Navidad y Altruismo

La Navidad es un tiempo emotivo en muchos sentidos, y una de las cosas positivas e interesantes que suceden en Navidad es que hay más acciones de bondad y compasión que en el resto del año. Por ejemplo, las fundaciones de beneficencia reciben más donaciones para estas fechas que en cualquier otra época del año. Pareciera que estas fechas logran abrirnos el corazón, y surgen las ganas naturales de conectarnos con la humanidad, a través de honrar a nuestra familia y amigos, y también de practicar acciones de bondad.

La bondad definida como la capacidad de brindar felicidad a otros, se alimenta de varios elementos que se conectan entre sí para dar como resultado la satisfacción al ser partícipe de la felicidad de otros. Estos elementos son: la alegría empática (alegrarnos auténticamente de la felicidad de otros), la ecuanimidad (cortar con el hábito de discriminar), y la compasión, que es el cultivo de la intención y de la capacidad concreta de aliviar el sufrimiento de otros seres.

Somos altruistas de forma inconsciente en muchos momentos en los que, prestar ayuda a los demás no significa arriesgar nuestra seguridad, si bien es cierto que cuando ocurren estos hechos son cuando aparecen en los medios de televisión, justamente en estas fechas tan señaladas en las que es fácil tocar nuestros corazones. Sin embargo, la vida a diario nos muestra una sociedad llena de acciones altruistas en las que unos muestran su cara más amable a otras personas sin buscar la obtención de una gratificación a cambio, simplemente por la satisfacción de ayudar.

Se puede cultivar el altruismo con una actitud abierta y no juzgadora de la experiencia presente. Requiere percibir el sufrimiento en otra persona, dejarse tocar por ese momento difícil por el que está pasando y sentirse movilizado a aliviarlo, prestarle tu mano, tu cara más amable. Esta actitud implica relacionarse con los errores y debilidades de los demás sin juzgar a la persona como buena o como mala, sino viendo estas debilidades o errores en el contexto de nuestra compartida vulnerabilidad humana: todos somos falibles y estamos juntos en el mismo barco.

Quiero mencionar la diferencia entre ayudar y sentir lástima por el otro. Cultivar la bondad y el altruismo implica una mirada sistémica y de largo plazo. Muchas acciones aparentemente altruistas son “pan para hoy y hambre para mañana”, y sirven más bien al propósito de aquietar una culpa o de mantener una autoimagen de ser “buena gente”. Tiene más sentido cultivar una aspiración consistente y a largo plazo de cultivar la compasión, que simplemente actuar desde la emoción inmediata. La emoción inmediata puede ser, por ejemplo, la lástima, que aparenta ser cercana al motivo por el cual ayudas, pero en realidad es radicalmente opuesta. En la lástima, por otro lado, nos sentimos diferentes a ese otro… de hecho nos sentimos superiores, y no logramos ver a la otra persona en toda su dignidad y potencial. En general, las acciones que nacen de esta emoción van a reforzar a largo plazo las condiciones que mantienen a la otra persona atada al sufrimiento, y van a alimentar, en esa persona, una identidad de precariedad y de ser digno de lástima.

En Navidad, mantener el equilibrio entre dar y recibir siempre será positivo. Ser bondadoso no es permitir que abusen de ti o que se aprovechen de que como “no sabes decir no”. Al contrario que ser bondadoso sería no quererse a uno mismo.

Todos sabemos, sin que necesite mucha explicación que nos sentimos bien cuando ayudamos a los demás. Debes tratar de hacer lo que puedas por los demás; sin una discriminación en absoluto. Pero esto no quiere decir que debes ser amable y delicado todo el tiempo. Tu amabilidad debe tener corazón, en Navidad y fuera de la Navidad. Para que tu acción altruista no se vuelva contra ti y contra el que la recibe, tienes que usar tu inteligencia. De otra manera puede haber una sobre indulgencia al pensar que estás creando una acción de ayuda cuando en realidad estás alimentando la agresividad (abuso, aprovechamiento por su parte)de la otra persona. Si vas a una tienda y el vendedor te engaña, y luego vuelves a ir y lo dejas engañarte de nuevo, eso no parece ser la cosa más sana que puedas hacer por los demás.”

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