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La tristeza y la Navidad

La Navidad es un tiempo de paz y amor entre los que la celebramos. Es el momento del año en que, no sólo se permite, sino que se espera de las personas que se conecten entre sí y con el mundo que les rodea. Ese es el objetivo de felicitarnos unos a otros cuando llega el 24 de Diciembre, como una verdadera terapia psicológica masiva: “El amor antes que el dolor” que se hace extensivo a nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y gratitud en general con los conocidos, los menos, el mundo cercano y el lejano. Extendiendo la sensación de paz y amor por el mundo en este momento del año.

Para muchos ponerse en modo amoroso con otros trae recuerdos tristes ya que se recuerdan personas que amamos y ahora no están no están en nuestra vida. Los que faltan, los que nos traicionaron, se marcharon, murieron o aunque están físicamente estamos en un momento muy distante. Sea como fuere, no nos permitimos dar amor, nos quedamos enganchados al pasado, Lo que pudo ser y no fue, lo que no podrá ser al faltar el ser querido… y este “no estar dispuesto a…” se interpone entre nosotros, que en el fondo queremos celebrarla con los que sí están y la 

Es en estos casos en los que prima la experiencia pasada, lo que hemos visto que hacen nuestros familiares ante el dolor, cómo superar un duelo, la pérdida, cómo combatir el estrés, cómo nos cuidamos en los momentos difíciles de la vida.

Estas experiencias se plantan delante nuestra indicándonos el camino para reaccionar de una u otra forma. Que básicamente se resume en dos:

  1. Dirigir nuestra energía a amar a los que quiero, tomando como única la oportunidad que hoy nos brinda la vida para amar y ser amado. Compartir, cuidarnos mutuamente, Estar atentos cuando el otro necesita un abrazo mío, un consuelo unas palabras de ánimo. Asegurarnos que no dejamos a los demás solos como un tratamiento de la depresión genuino y propio. Como un entendimiento de que lo que doy fuera es lo que me doy a mí mismo, en mi interior. Querer a los que quiero incluso en un momento de dolor.

  1. Dirigir nuestra energía a la tristeza, a las sensaciones de dolor, dejarnos llevar por la desgana. Nos comportamos distantes o apáticos con nuestros seres queridos, enganchados al dolor, al pasado, perdemos la oportunidad que nos brinda la Navidad para querernos unos a otros. En resumen, no nos permitimos hacer lo que toca en ese momento de paz. Como si supiéramos seguro que tendremos otra Navidad para aprovecharla y amar a los que queremos.

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