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El miedo es tu aliado.

El miedo es una emoción heredada del reino animal, es nuestro aliado. Es una emoción con la que todos nacemos, cuya función adaptativa es la de protegernos o proteger lo que amamos ante estímulos que percibimos como peligrosos, siendo en este sentido beneficioso tanto para la supervivencia del individuo como para la de la especie.

A medida que fuimos evolucionando, el miedo se transformó en una emoción compleja que guarda estrecha relación con la educación, los modelos, la cultura, etc., y que puede funcionar como obstáculo en el camino hacia nuestros objetivos.

Miedo, pero, ¿miedo a qué? Miedo a fracasar, miedo a las pérdidas, miedo a equivocarnos, miedo a las alturas, miedo a volar, miedo a no ser queridos, miedo a emprender algo nuevo, miedo a obtener un resultado diferente al imaginado, miedo a formar una pareja, miedo al futuro, miedo a la vida, miedo al éxito, miedo a la muerte… la lista podría ser interminable. Cada cual podrá escribir la propia, coloreándola y justificándola con su propio estilo.

Hagamos memoria y preguntémonos:

¿Cuántas veces durante nuestra existencia hemos sentido miedo y hemos dejado de hacer cosas que podían ser importantes o trascendentes? ¿Qué precio hemos pagado por ello? ¿Cómo nos sentimos al comprobar que nos quedamos parados en la inacción? Pero gracias a la naturaleza dual de la cosas, muy probablemente también recordemos otras situaciones, aquellas que enfrentamos a pesar de nuestros miedos. ¿Cómo nos sentimos frente a esas otras experiencias? ¿Qué crédito nos dejaron? ¿Qué otras emociones asociadas aparecieron? ¿Cuál fue el impacto que tuvieron en nuestro crecimiento y en nuestra transformación personal?

Sucede que a veces, sin darnos cuenta, nos convertimos en expertos creativos de visiones catastróficas. Muchas veces construimos escenarios peligrosos, donde el peligro no existe como tal, donde las fieras acechando sólo existen en nuestra imaginación, pero cobran vida con nuestras interpretaciones y así buscamos ampararnos o refugiarnos en nuestro territorio conocido, en nuestra zona de confort, perdiéndonos las posibilidades magníficas que podrían ocurrir al transitar más allá del miedo.

Si el miedo nos tomó presos y se apoderó de nosotros es porque previamente uno o varios pensamientos negativos se instalaron y dan vueltas una y otra vez por nuestro cerebro. La buena noticia es que somos dueños de nuestra mente y que entre todas las categorías de pensamiento podemos generar voluntariamente pensamientos funcionales que nos guíen hacia el movimiento y la acción convirtiéndola en nuestro aliado.

Para no quedarnos inmovilizados y vivir la vida que merecemos vivir, la única alternativa válida es atravesar la puerta que nos permita salir a jugar el juego que deseemos jugar. Tomando conciencia del miedo, reconociéndolo, aceptándolo y abrazándolo como un mensajero aliado que nos trae una carta esperada y observando las explicaciones que le estamos dando a esa emoción, podremos continuar con el paso siguiente: afrontar la realidad, canalizar ese miedo en acciones concretas que nos llevarán por el camino acertado, al lugar elegido, aún corriendo algunos riesgos.

El desafío o aliado: atravesar los miedos para transformarlos en experiencias positivas de vida. En definitiva… atrevernos a SER, así, con mayúsculas.

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